
Al final te das cuenta que no dejas un trabajo, dejas un cliente con su proyecto infinito. Me había olvidado como iba el ritmo de agencia. Las doscientas mil horas, los “para ayer” y claro, los “sí” incondicionales.
En 101 entré como apoyo a uno de los Boat de J&B, en 2006. El trabajo entró tarde y el primer mes estuve mano sobre mando contando los segundos. Era una época difícil y me quedé un poco más.
Recuerdo un día que fue un punto de inflexión en mi relación con ellos: Eran como las 8 de la tarde y sólo quedaba un ejecutivo de cuentas, no había diseñadores y éste se subía por las paredes con unos cambios pendientes y ni paco para hacerlos. Ese día salimos a las 1.30am; el siguiente a las 3.00am. El cliente: Bisbal.
Ya había visto otras veces como empieza esa espiral de trabajo que no termina, que suma y suma sin parar. Llegaron los fines de semana, las salidas a las mil, las jornadas de 16 horas largas, los festivos no-festivos.
Al principio estaba bien manteniendo las distancias, incluso logré poner el tema de las horas extras encima de la mesa. Pero te acabas metiendo en el grupo y olvidándote de donde está tu sitio y a donde vas… En definitiva que el tiempo de ser marinero pasó. Ahora toca ser patrón, de tu barco de juguete, pero patrón.
Como todos los cierres se me ha ido de horas. Terminé sobre las siete de esos ajustes, de ese mail explicando esa clase o ese módulo. Aún después hay que organizar los backups, los mails, liberar espacio…
Tengo como 1 Giga y medio de correos, en datos (PSDs, htmls…) ni cuento… y todavía me queda purgar fuentes. Creo que es lo peor, las mil doscientas fuentes que he podido usar en estos dos años largos. En cuanto empiece el año formateo y a ver si recupero la estabilidad del sistema cuando quite las puñeteras Helveticas de palo que tengo.
Todavía estoy como que sé que me he quitado el peso de encima pero siento ese cosquilleo que queda cuando tienes algo mucho tiempo posado.
Mañana toca limpieza, a ver si se me contagia algo por dentro.